Pamplona Negra 2017

| domingo, 15 de enero de 2017 | 13:21

Este miércoles 18 de enero estaré en el festival Pamplona Negra en una mesa sobre Literatura y Memoria Histórica con Juan Laborda, Félix Modroño y Carlos Erice. Les esperamos!!



El silencio de las tierras altas

| domingo, 8 de enero de 2017 | 10:43



Es un thriller psicológico. Es una novela de terror. Es una road movie. Aún no tengo claro por cuál decantarme, lo único que sé es que “El silencio de las tierras altas“, la novela del noruego Steinar Bragi, es de lo más absorbente que he leído en los últimos meses. El libro me ha tenido pegado a la página siguiendo el viaje en jeep de dos parejas de treintañeros por el centro volcánico y desértico de Islandia, sin cobertura de teléfono, sin estaciones de servicio, rodeados de una niebla perenne. Un viaje que no es solo físico, sino también moral, que les obliga a desplazarse tanto por el terreno como por su pasado para ajustar cuentas consigo mismos, rodeados por una naturaleza hostil que acelera la aparición de sus fantasmas. De nada les sirve la hípertecnificación, su arrogancia urbanita o su riqueza; la amenazas indefinidas cada vez se vuelven más inmediatas, a lo Twin Peaks o Una pura formalidad, la película de Tornatore, y la tensión va atando cada vez nudos más estrechos. La aparición de una vieja casa habitada por un par de ancianos y una avería en su vehículo, que les obliga a compartir el espacio, no mejorará las cosas. Asimismo la mitología nórdica, repleta de leyendas perturbadoras, se dan citan en esas desoladas latitudes para mezclarse con las rencillas personales, los traumas infantiles y los miedos. La novela es opresiva, es enfermiza, y en algunos momentos se desliza por vertientes oníricas -casi psicoanalíticas- que dificulta la interpretación de lo que está sucediendo, pero precisamente en esos intervalos, tan caliginosos como la niebla que les rodea, es donde el texto puede alcanzar su máxima estatura con la ayuda de un lector forzado a interpretar dichas runas literarias. Muchos se perderán y comentarán que no acabaron de entender, y otros muchos encontraran una explicación a su medida, y en ello reside la grandeza de los libros: pequeños mamíferos hambrientos, montoncitos de huesos, cuartos ocultos, tormentas de arena, apariciones fantasmagóricas, angustias modernas, la búsqueda de algún tipo de redención… todo esto da para mucho en las manos adecuadas, tanto de un lector como de un escritor.  

Descanso navideño

| lunes, 19 de diciembre de 2016 | 15:20



Nos tomamos un descanso hasta enero. Muchas gracias por seguir leyéndome. No quiero despedirme y desearles una grata entrada en 2017, sin recordar la frase de Zygmunt Bauman: 

La felicidad no viene de la seguridad en sí, ni del confort, ni de la tranquilidad, sino de la superación de las dificultades. Son los retos y sus desafíos, el trabajo duro para enfrentarnos a ellos, lo que nos hace sentirnos bien con nosotros mismos. 


La Historia como ficción

| lunes, 12 de diciembre de 2016 | 14:32

La Historia es un relato coherente y dramatizado del pasado, un corpus de conocimiento maleable que cambia con el tiempo y los intereses de quienes la formulan, y los pueblos a los que sirven. La Historia como género de ficción, en la que los historiadores nos cuentan un cuento con perfectas cadenas de causas y efectos cuando es evidente que el pasado resulta algo caótico, inabarcable, y en ciertos casos incognoscible. La Historia como ideología siempre al servicio de alguien. Los mitos que la desbordan porque su belleza anula o atempera los visos de realidad: ni Cortés tomó México con un puñado de hombres, ni El Álamo fue defendido por héroes que luchaban contra la esclavitud y la tiranía, ni Pelayo fue más que la invención adecuada de un monje que pretendía legitimar la monarquía asturiana, un pastiche de diferentes textos antiguos. El cine, contribuyendo con su mitología a deformar los hechos históricos. Estas son algunas de las premisas que Alfonso Mateo-Sagasta empuña en su enjundioso ensayo La Oposición. La necesaria simplificación de la historia para que la gente la recuerde mejor -no hubo una sola Armada Invencible, sino cuatro-; la mistificación en aras de un objetivo político o de gloria personal -Heródoto amplificando la, quizás, inexistente batalla de las Termópilas o Heinrich Schliemann inventando el tesoro de Príamo en Troya-; la imposibilidad de que la información sea fiable a partir de la tercera generación… Los historiadores eligen unos hechos en detrimento de otros y los combinan a su antojo, filtrándolos a través de escuelas heterogéneas, materialismo, empirismo, estructuralismo, dialéctica, positivismo, racionalismo… No obstante, aunque la Historia sea algo intangible, ni estable ni preexistente, continuamos necesitándola para saber no tanto lo que hemos sido como lo que queremos ser. En esa línea, el autor aboga por crear una nueva historia al margen de los chauvinismos que la han definido, a fin de vertebrar la nueva realidad de inmigrantes y multiculturalismo que se impone, una historia que refuerce un proyecto común, un relato en el que la Sicilia otomana tenga tanta importancia como Carlomagno. Pero el problema continúa siendo el de siempre: ¿quién será el encargado de definirla?

La amenaza dental

| martes, 6 de diciembre de 2016 | 10:19


La salud dental no es cara, es carísima. Y como toda salud resulta cardinal. A ello se le añade el componente estético, con todas las cortapisas sociales que produce una boca en mal estado. El cuidado de los dientes no entra dentro de las prestaciones de la seguridad social -salvo empastes infantiles y extracción de muelas-, por lo que pasa directamente al bolsillo del ciudadano. Las facturas por arreglos sensatos son altas, pero lo que me ha escandalizado últimamente son las insensatas. Se supone que el dentista es un médico, y como tal sujeto a un juramento hipocrático -aunque me cuentan que un estomatólogo y un odontólogo no son lo mismo-, y en todo caso debería tener un responsabilidad ética respecto a la salud del paciente. Estoy seguro de que la mayoría de profesionales son serios, pero ha proliferado una plaga de dentistas que solo están sujetos a las demandas del mercado sin atención alguna a las posibles consecuencias sanitarias. Un caso: un cliente con una simple gingivitis que se cura con una cirugía periodontal -pongamos 500 euros-, se transforma ante la mirada espantada y teatral del dentista en una extracción del diente y sustitución por un implante de tornillo injerto de hueso mediante -3000 euros-, una intervención quirúrgica que se alargará seis meses con todos los riesgos e incomodidades que eso supone para el paciente. Es solo una muestra. A esto añádanle los constantes diagnósticos para ir sumando ceros a las facturas, que si una muela pocha por aquí, que si un anclaje mírame y no me toques por allá, y ya tenemos la versión más perversa del enfermo imaginario. Yo me pregunto qué tipo de personas pueden jugar con la salud de los ciudadanos de esta manera. La presión del mercado, la competencia, la simple avaricia... ¿Debería el Estado empezar a plantearse meter mano en este asunto? En todo caso recomiendo que ante ciertos desvaríos de dentistas privados se pida siempre opinión a dos o tres más, y si no se convencen ir a un “sacamuelas” de la Seguridad Social y pedir un cuarto diagnóstico. Ellos cobran un sueldo fijo y no tienen en la cabeza hacer un estropicio para pagarse las vacaciones familiares. 

Las sorpresas de Godello

| lunes, 28 de noviembre de 2016 | 16:26


Ahora que la uva Godello se ha puesto de moda, todo el mundo la quiere, pero hay de todo. He estado probando unas cuantas bodegas -alguien tiene que sacrificarse- y me he encontrado este Louro, hecho en Valdeorras. Untuoso y fresco, muy equilibrado. La Guía Peñín y Parker lo puntúan bien, y yo le doy mi bendición, que no quiero ser menos. Disfruten. 

Conferencias en El Cairo

| jueves, 17 de noviembre de 2016 | 17:49


Estaré en el Instituto Cervantes y en la universidad de El Cairo del 19 al 24 de noviembre 2016. Talleres y conferencias.

I will be at the Cervantes Institute and El Cairo´s university from the 19th to the 24th of November 2016. Leading workshops and giving conferences.

El huevo de la serpiente

| lunes, 14 de noviembre de 2016 | 11:48

Trump no es la enfermedad, es el síntoma. Tras la ironía de Frank Underwood, el presidente ficticio de House of Cards, “la democracia está sobrevalorada“, subyace una pregunta mucho más inquietante: ¿Cómo ha llegado este huevo de serpiente hasta el Despacho Oval? En vez de desgañitarnos contra los populismos, hay que hacer autocrítica. Las políticas neoliberales que han laminado la clase media y el hastío que esto ha provocado entre la población; la dinámica de los media, que prioriza las noticias virales sin contrastar y en los que la mentira es el nuevo marco de la realidad. Si eres un señor de Luisiana -o de cualquier otro lugar del mundo- que necesita tres empleos para poder llegar a fin de mes, no puedes afrontar las coberturas médicas y estás continuamente bombardeado por mensajes falsos, es normal que veas a un inmigrante no solo como competencia, sino como un peligro que te puede arrebatar lo poco que tienes. Añádase a esto la despreocupación por solventar los conflictos internacionales hasta que estos no están picando a tu puerta, y en este caso a tus playas. Evidentemente no podemos minusvalorar el peligro que entraña Trump y el ejemplo público que está dando a las nuevas generaciones, cada uno puede imaginarse el mensaje que proyecta. Pero tampoco nosotros, los “virtuosos”, estamos libres de culpa. Es el momento de que Europa se plantee levantar el “muro de escudos”, que dicen en la serie Vikings, y empiece a lavar su propia colada sin tener que depender del detergente americano. Siempre he dicho que hasta que la Unión Europa no disponga de una política exterior común, con portaaviones en todos los mares, no pintaremos nada en el planeta. Y más ahora que los ingleses están viendo la oportunidad de fortalecer sus lazos -aún más- allende los mares. El caso Trump, aunque sus políticas queden morigeradas por la realpolitik y su “check and balance”, marca un antes y un después en el devenir no solo americano, sino mundial. Fukuyama aseguró en su momento que la Historia se había detenido, pero a mí me parece que este muerto está muy vivo, y tiene un Colt en la mano. 

Patria

| jueves, 3 de noviembre de 2016 | 12:52

Hay un mal que es como una ráfaga de halitosis, un mal silencioso, sin aspavientos, que hace que tengas que marcharte de los sitios con impotencia y rabia. Ese mal es el que describe Fernando Aramburu es su inmensa novela “Patria”, un fresco de la sociedad vasca que describe el proceso de radicalización de una masa que sigue al pie de la letra los procesos descritos por Elias Canetti en su ensayo “Masa y Poder”. La búsqueda de un enemigo exterior, la culpabilización de las víctimas, la adulteración de las leyes, el culto a los héroes, la repetición de una mentira que acaba por transformarse en dogma, el maniqueismo, la conformación del “Volk”, la perversión de los lazos familiares, la corrupción de la amistad… Los diversos personajes que recorren los numerosos capítulos cortos son pedazos prismáticos que van girando para describir las décadas de terrorismo en Euskadi, el efecto de la lucha armada en la cotidianeidad, un retablo privado situado como un Belén a la manera de Scott Fitzgerald, cuando aseguraba que emplazamos la guardia más fornida ante las puertas de la Nada, tal vez porque la condición del vacío es demasiado vergonzosa para ser divulgada. Hay una escena terrible que compendia las 642 páginas: cuando la víctima, ya acosada por los radicales, intenta continuar con sus costumbres, la ruta de cicloturismo dominguero junto a sus cofrades habituales, y de repente el silencio que ha marcado un círculo de tiza a su alrededor, el disimulo, el reproche mudo, la presunción de culpabilidad que termina por herrar su mejilla con un hierro ardiente. Nueve personajes que de una u otra forma, da igual a qué bando pertenezcan, pagan su libra de carne al dios caníbal del proceso armado.  Víctimas, victimarios, padres, hijos, amores, amistades, sueños… todo se lo lleva trampa, como se suele decir, cobrando especial densidad trágica la figura de las madres, ese matriarcado del norte, con sus raíces hundidas en atavismos tenaces que convierten una figura benévola en algo irreconocible. Patria es una novela que bien puede ser merecedora de un premio Nacional de literatura, porque muestra empatía, porque habla de la culpa y la responsabilidad, porque nos recuerda que la libertad, para mantener sus atributos, ha de mantener una dialéctica que anule ese siniestro silencio. 

Bruce Davidson

| domingo, 30 de octubre de 2016 | 9:39